Apenas 20 horas para que se acabe el año definitivamente. Apenas un día. No sé si es que han pasado tantas cosas o que realmente mi memoria no llega a alcanzar, pero no consigo recordar el año entero. Enero ahora mismo se me antoja lejano. Y la verdad, este año ha sido para recordar, aunque tenga que esforzarme.
2010 ha sido el año en el que me han quitado el aparato y ese día fue uno de los días más felices de mi vida. Ha sido el año en que cumplí los 16 años tan esperados. El año que entré por primera vez a una discoteca y supe lo que significaba la palabra fiesta. El año del campamento de semana santa con los scouts, uno de los mejores la verdad, el año que menos estudié de toda mi vida. El campamento de verano que no puede terminar por que tenía que vivir una de las experiencia más asombrosas de mi vida, cruzar el charco, viajar a Estados Unidos, a los 16 años, increíble. Como increíble fue el viaje. New York, Washington DC, Baltimore y muchas cosas más, nuevos amigos, experiencias y recuerdos. Y como la vida es como una montaña rusa, que unas veces estás en lo alto y otras veces bajas y tocas fondo, me tocó vivir el peor momento de mi vida, Álvaro, un amigo scout, murió repentinamente el once de noviembre, lloré como nunca había llorado y comprendí lo dolorosa que puede llegar a ser la vida por culpa de la muerte. Y me prometí a mi mismo que nunca dejaría que nadie dejara este mundo sin saber le quería, aunque fuera un poco. Llegaron las navidades, tan rápido como se esfumarán el año que viene.Y pronto, este año que muchos dicen que ha sido asombroso, increíble e inolvidable, quedará en el pasado y dará pie a otro mucho más asombroso, increíble y, seguro, que, también, inolvidable.
Olé!
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